El discurso de la ultraderecha se extiende de forma impune penetrando en la opinión pública y el debate político
15/07/2025
Artículo de opinión de Pepe Álvarez, Secretario general de UGT, publicado en el diario digital “20 MINUTOS”
El odio que hemos visto en las calles de Torre Pacheco no ha brotado de la nada. Es el resultado de años de mensajes que señalan, estigmatizan y deshumanizan al inmigrante. El discurso de la ultraderecha se extiende de forma impune, sin freno ni consecuencias, penetrando en la opinión pública y contaminando el debate político. Se normaliza el racismo y se alimenta la peligrosa fantasía de que existen colectivos concretos –los migrantes, los diferentes– a los que se puede culpar de todos nuestros males. Y cuando las palabras se cargan de odio, los hechos acaban estallando en forma de violencia. Esa es la secuencia. Y sus consecuencias ya no se pueden ocultar.
Cuando se empieza a hablar de “cacerías”, cuando se corean eslóganes racistas en las calles, cuando se señala a personas por su origen o color de piel, no estamos ante un problema menor: está en juego la esencia misma de nuestro Estado social y democrático de derecho. La investigación no puede quedarse en los autores materiales, debe alcanzar también a los autores intelectuales de estos discursos y agresiones. El discurso de odio no se combate solo con declaraciones: debe ser frenado con la ley y con todos los instrumentos que el Estado de derecho pone a nuestra disposición. Para ello, deben actuar de forma decidida todos los poderes del Estado, tanto el Ejecutivo como el Judicial. La Fiscalía, los tribunales y las fuerzas de seguridad tienen la obligación de proteger a todas las personas, sin distinción de origen, porque lo que está en juego no es solo su seguridad, sino la convivencia democrática y la propia pervivencia de nuestro país.
España no puede permitirse volver la cara ni minimizar el problema. Lo que está ocurriendo nos interpela como país. Hoy son los migrantes; mañana podrían ser quienes piensan diferente, quienes creen en otra cosa, quienes simplemente disienten. No hay una línea clara entre el discurso del odio y la agresión. Lo ha advertido la Fiscalía de Sala contra los Delitos de Odio, lo ha dicho la Fiscalía General del Estado y hasta el papa Francisco lo denunció con claridad: rechazar y perseguir a los migrantes es una grave ofensa a la dignidad humana, condenada por la doctrina social de la Iglesia, ya que es un acto contrario a los elementos más básicos de la religión.
Pero más allá de la dimensión moral y legal de esta cuestión, existe una verdad tozuda que conviene no olvidar: España necesita inmigrantes. Y no lo dice un sindicato. Lo manifestó el propio gobernador del Banco de España, advirtiendo que harán falta casi 25 millones de trabajadores extranjeros en las próximas décadas si queremos mantener a flote nuestro estado de bienestar y garantizar el sistema público de pensiones. Lo ha recordado también la patronal de la construcción, urgida por la falta de mano de obra para hacer frente a la gravísima crisis de vivienda que padecemos.
No se trata solo de justicia, se trata también de supervivencia. Aplicar la ley con rapidez y ejemplaridad no es solo una obligación para proteger los derechos humanos más básicos. Es también una condición para sostener el futuro económico de nuestro país. La permisividad con estas manifestaciones de odio no es una opción: es una irresponsabilidad con consecuencias.
Desde UGT no vamos a quedarnos callados. Vamos a defender siempre la dignidad de las personas, el respeto a los derechos humanos y la convivencia democrática. Porque lo que está en juego no es solo la vida y la seguridad de las personas. Lo que está en juego es el país que queremos ser.